jueves, 20 de octubre de 2011

Siempre amanecer con el pie izquierdo puede traer moretones nuevos pero mañana es otro día (y con ellos se van).


Son las 7 de la mañana. Suena el despertador. Como un resorte que se encontraba bajo presión, salgo disparado de la cama para apagar la alarme de mi celular que ,segundo a segundo, se vuelve más molesta. Por una pequeña fracción de segundo deseo estar muerto. Estos nefastos pensamientos se escapan de mi mente cuando la cara de Iván, mi mejor amigo, entra en escena.
Busco el uniforme del colegio. Lo encuentro sin dificultad. Me empiezo a vestir. Primero, el pantalón; luego, la remera, las medias, me pongo un zapato y cuelgo.  Miro el otro zapato que me falta y siento como el mundo deja de girar sobre su eje...
El zapato y yo. Yo y el zapato. El zapato. Zapato…
            Mi vieja entra al baño y ella, sin saberlo, con su torpe portazo , causado por el frío de una mañana de invierno y la poca noción de sus extremidades recién despiertas, me libera de tal hechizo matutino. Logro colocarme el maldito zapato.
            Vuelvo a odiar a toda la existencia, esta vez por un segundo entero.
No desayuno. Agarro mi mochila. Agarro las llaves. Me voy. No me cruzo con el portero. Voy rumbo al subte y paso por la plaza como todas las mañanas, como todas las mañanas pienso… Esa canción de Radiohead no se me va del bochohoy tengoplata                 me voy a comprar un rico desayuno en el recreo             que buena que esta la profe de matemáticasyquéhabrá pasado la noche del sabado despuésde que me fui?, hace frío
¡¿Qué carajo?! ¡¡¡CACA!!!
“Ahh!!”, por primera vez en el día, mis cuerdas vocales emiten sonido. Me detengo TRES segundos para maldecir a todo perro y a sus dueños y paseadores y a Marley por aparecer en la propaganda de Keiko… Mierda. Sigo camino al subte arrastrando el pie derecho, por suerte el excremento cede con facilidad ante la fricción contra el cemento gris y disparejo.
Camino. Vuelvo al modo automático. Ok, ya estoy totalmente despabilado. Falta poco para llegar a la boca de subte. Tengo la increíble sensación de que ese pequeño incidente es lo peor que me podría llegar a pasar en el día.
             Miro al cielo, oscuro pero lindo, hasta que de repente siento agua en el pie izquierdo. Un Charco!
Apurado lo saco y sacudo (el pie!) LA PUTA QUE ME REMIL PARIÓ. Me quedo en el mismo lugar tirando patadas al aire. Maldigo a mi vieja no solo por mandarme a este colegio, sino también por haberme parido. Llego a creer por un MINUTO entero que Hitler estaba en lo cierto y que Martin Luther Kin Jr. era un flor de pelotudo. Luego de ese minuto y un poco más en los que podría haber preferido un Apocalipsis total antes que ir al colegio.
me calmo y sigo caminando, ya falta poco para la boca del subte.
            Bajo las escaleras. Veo el molinete. Veo el subte que llegó y la gente apretándose para ingresar. Por suerte tengo la tarjeta del metro a mano y con crédito. Paso el jodido molinete. Generalmente siempre voy al primer vagón que frena al lado de la salida de la estación en la que me bajo, pero ya había sonado la alarma indicando que las puertas estaban por cerrarse. Consigo meterme al vagón que tenía en frente. Me saco la mochila de la espalda y respiro hondo. Veo a mi alrededor y ahí están. Ahí realmente caigo y de la peor manera. Roxana, mi ex novia, de la mano de Iván. ¿Por qué? ¿Me tenía que enterar así? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué voy a hacer para disfrutar de lo poco que me queda de la escuela? ¿Qué voy a hacer con mis sentimientos encontrados?
Ahora me pregunto el viaje entero… ¿QUÉ CARAJO TENÍA DE INTERESANTE ESE PUTO ZAPATO?

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